miércoles, 29 de enero de 2014
lunes, 27 de enero de 2014
ENTRADA DE TEXTO
Ed y Lorraine Warren son una de mis parejas favoritas. Se conocieron a los 16 años. Él se fue a luchar en la Segunda Guerra Mundial. Su barco se hundió. Volvió con un permiso. Le pidió matrimonio a ella. Tuvieron un bebé. Se compraron un coche. Y luego se pasaron la vida trabajando en lo mismo, en algo que les apasionaba y para lo que habían nacido los dos.
Cazar demonios.
Y no se andaban con zarandajas en lo que respecta a los asuntos de la oscuridad. En sus frecuentes apariciones en programas televisivos de iluminación ténue y fondos vaporosos o en tertulias de radio con música de violín y sintetizador no recurrían a términos tibios como “actividad paranormal”, no. Ellos usaban términos como “infestación diabólica” y “monstruosidades de la noche”.
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